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LUNES CRÍTICO

LAS PEQUEÑAS COSAS NECESARIAS

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FOTO: MARTA SALAS
LAS PEQUEÑAS COSAS NECESARIAS

Tengo un amigo que cuando era pequeño tenía miedo.

Me contaba el otro día en un paseo precioso de un pueblo mediterráneo, antes del toque de queda, que un día, con unos 7 años de edad se cagó en clase y que, un profesor suyo que tenía una pata muy corta y la otra normal, preguntó con toda la normalidad posible que permitía aquel extraordinario y complicado momento, a ver quién se había cagado.

Mi amigo miedoso levantó tímidamente la mano, sabiendo que no había otra salida posible.

El profesor (gran cojo profesor), le dijo: "váyase a casa".

Volvió más asustado de lo normal aquel día siguiente a la escuela.

Todo parecía ser normal hasta la hora del recreo, en la que un chaval pecoso y bastante malote le recordó el desafortunado episodio.

La justicia divina, poética o de sabe qué Dios quiso que, dos semanas después, el pecoso se cagara encima en la hora de Religión, con Don Javier Ele, el profesor más duro (cura y reprimido) de aquella escuela privada.

Entre ese acontecimiento tan gozoso para mi amigo y otros tantos, que se fueron sucediendo en su viaje por la vida, mi amigo comenzó, casi sin percatarse del gesto, a no caminar mirando hacia el suelo, a saludar a algún enemigo de Primaria, a caminar más rápido y rítmico; a sonreír más a menudo; a dejarse llevar bien amarrado al asiento.

Nos miramos, nos besamos, y, atravesando aquel paseo volvimos a comprometernos.

Entonces comencé a contarte lo que le hice a mi prima Puy, cuando me enteré que se había morreado con mi amor platónico.. pero eso ya es otra historia.

Marta Salas

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