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LUNES CRÍTICO

LA EQUILIBRISTA

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FOTO: MARTA SALAS
LA EQUILIBRISTA

Le dotaron de una gracia tal, que nunca sabía si al que estaba frente a ella, le hacía ni puta. Le bastaba con intuir, para dar por terminada la escena, parte teatral y parte de confesionario, siempre.

Tenía la virtud de hacer del insulto, el chiste; de su mirada de enfado, la conquista; de sus andares chulescos, el baile; de su perdón, la recompensa; de sus objetivos, la meta y el premio, casi nunca, aunque bien sabía que merecían la pena.

Siempre pensaba cosas tales como que si Anabel Alonso (o personas también que le daban no tanta grima), tenían una y otra vez su oportunidad, siempre estaban ahí, en la caja de los   tontos, siempre les hacían un hueco, para provocarle malestar en el estómago, y malestar general. Por otra parte, estas realidades, le inspiraban a la escritura. El fútbol y el debate protagonista del Covid, las víctimas diarias y la defensa de una u otra de las vacunas y su efectividad. Eran tiempos difíciles para cualquier pensador libre. Una y otra vez la misma melodía. Decidía vivir los días alejada de la insoportable rutina informativa, marcando así su ritmo, su andar, su gracia y su mirada; su propia realidad, de espaldas al mundanal.

A Gabriela no le faltaban los enemigos, los acumulaba en sus días con entusiasmo. Le bastaba y sobraba con saberse querida entre los suyos, y, a veces, entre los de afuera. 

Era pasional cuando proyectaba, daba igual un viaje que un trabajo. El solo hecho de imaginarlos era suficiente para entusiasmarla. Poco le importaba que llegaran a ser realidad. Siempre pensó que podía viajar desde el sofá, que podría dar un discurso ante el gentío, mientras escribía su carta matinal al Rey emérito o a quien le diera la Real gana desde el Trono, el verdadero trono, ese en el que se sentaba puntualmente tras el café con cigarro. 

Eran las 7.30, en la radio decían que la Pfizer tenía efectos secundarios devastadores, sólo pensó en la suerte de su madre. El ansiado pitido de la cafetera la animó enseguida a enfrentarse al nuevo día, por suerte, cada día era nuevo para ella. Sonrió al notar el apretón y encaminó sus pasos hacia el Trono.

Marta Salas

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