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HOMENAJE A QUIQUE SAN FRANCISCO

EL HOMBRE QUE SE PARECÍA A NADIE (Bueno, era clavado a Marty Feldman)

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Quique San Francisco. FOTO: MARTA SALAS
EL HOMBRE QUE SE PARECÍA A NADIE (Bueno, era clavado a Marty Feldman)

Conocí a Quique hará algo más de tres años. Tuve la suerte infinita de encontrarme a un personaje amable, cercano y sensible, más gracioso y más flaco en la distancia corta que sobre cualquier escenario o plató de televisión. 

Compartimos alguna que otra confidencia sobre nuestras vidas, que derivaron en su caso, en la adolescencia y sus primeras experiencias con las drogas, yo derivé en otros asuntos, que no vienen, lógicamente, a cuento. 

Me tocó la fibra cuando comenzó a hablar de su madre, esa mujer que le dio una y otra vez la vida, en un tiempo en el que el descontrol y el consumo se dispararon en una edad más propia de chutar sólo el balón. 

Era un sábado cualquiera y, sin darme casi cuenta, tenia frente a mí a Enrique San Francisco, casi nada. Lo curioso es que parecía que nos conociéramos de tiempo atrás. 

Alguna vez me ha llamado. Es curioso atender la llamada de Quique cuando estás haciendo cola para pagar el pan en el barrio o cuando estás tomando un vermú otro día con geme. Qué ilusión cada vez!

Y ahora, flaco, a tu salud, me abro una cervecita. Y me acuerdo de aquella frase tuya que me hace reír a carcajadas: "estar peor que yo es imposible". 

Hasta siempre Quique. Sumergirme en la profundidad de esos ojos de huevo fue un gustazo y una suerte y descubrir a un tipo desastroso, encantador, sensible y divertido dentro de ese cuerpecillo diminuto y tan tan flaco, una lotería, de esas que te tocan sin haber comprado boleto. 

 

MARTA SALAS

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